viernes, 19 de marzo de 2010

Acabo de descubrir que sirvo para otras cosas además de joder gente

¿Saben qué es lo malo de vivir cerca de una zona industrial? Que las calles donde sólo se supone que deberían de transitar autos normales se llenan de camiones de alto tonelaje, (aquí se les conoce con el nombre de "trailer"). Y es que aquellos que pasan por las calles de mi colonia no se parecen en nada a la idea que nos intentan vender en películas como Lola la trailera, no, los camiones que pasan cerca de mi casa son verdaderos monstruos que apenas y pueden atravesar las estrechas calles de mi colonia debido a su inmenso tamaño, que hacen un ruido insoportable capaz de derretir los tímpanos de una ballena azul y de romper los vidrios de mi destartalada casa. Además de que son conducidos por groseros maestros del albur, que conducen a 100 kilómetros por hora que nunca se fijan si no se están llevando algún transeúnte entre sus 48 llantas.

El asunto es que hace un par de días tuve una mala experiencia con uno de ellos. Regresaba de haberme comido una buena orden de tacos al pastor. Recuerdo que eran poco más de las 3 de la tarde, hora en que generalmente las calles de mi colonia están totalmente desiertas. Caminaba despacio, sumido en mis pensamientos, tratando de adivinar quién ganaría en una pelea entre Rambo Y Mario Almada. Cuando de reojo vi a un tarado que estaba caminando junto a mí, tenía una extraña expresión en la cara que parecía indicar ausencia total de inteligencia. Al principio no le di mucha importancia. Aunque luego de recorrer un par de calles, comencé a sospechar que el tipo me venía siguiendo.

Decidí darle un vistazo rápido y noté que estaba vestido de una manera que daba pena: pantalones de mezclilla de color blanco que daban la impresión de haber sido azules algunos años atrás, camisa tipo "polo" de color rojo repleta de agujeros por todas partes, unos tenis converse con la suela totalmente desgastada y cabello totalmente despeinado. Ese aspecto me dejó claro que era una especie de drogadicto o mal viviente que esperaba el momento ideal para intentar asaltarme y robar los 35 pesos con 40 centavos que traía en la cartera.

Seguí caminando con el tipo a mis espaldas, vigilando que no hiciera ningún movimiento extraño, hasta que nos acercamos a un pequeño puente que sirve para unir dos carriles separados por un pequeño canal. Crucé el primer carril sin problemas, pero justo cuando estaba a punto de cruzar el siguiente, escuché los chillidos de un trailer que se acerba a toda velocidad hacia donde nos encontrábamos mi extraño acompañante y yo. Por precaución, me quedé quieto en el borde del puente, a esperar un poco hasta que la calle quedara totalmente libre, pero no pasó así con el sujeto, quién sin pensarlo, comenzó a caminar por la calle sin mirar a los lados, pensé que vería al trailer y correría para pasarse al otro lado. Pero el tipo no pareció notarlo, de modo que voltee a mirar al camión, al cual no parecía importarle el hecho de que estaba a punto de arrollar a alguien.

Entonces no lo pensé dos veces, y corrí hacia donde estaba el drogadicto, lo tomé del brazo (en una actitud para nada homosexual) y lo jalé lo más rápido que pude hacia el puente, el tipo parecía no darse cuenta de lo que estaba pasando y opuso un poco de resistencia, tras un unos cuantos segundos de forcejeo pude llevarlo a un lugar seguro, justo en el momento en el que el trailer pasaba junto a nosotros. El conductor simplemente se limitó a abrir su ventanilla y gritarnos “pendejos” mientras se alejaba. Intenté mentarle la madre, pero el camión se alejó demasiado rápido y mis insultos no pudieron llegar hasta los oídos del sucio bastardo.

Luego de que el ruido del camión se perdiera en la distancia, voltee a ver al tipo, estaba sujeto al barandal del puente, mirando hacia el horizonte y respirando con mucha dificultad, supuse que no había visto para nada el camión y se había sorprendido al ver que estuvo a punto de sufrir un aparatoso accidente. Lo esperé un poco hasta que me dio la impresión de que se había calmado por completo.

- ¿Estás bien we’? - Le pregunté.
- Sí, creo que ya estoy mejor. - Me dijo el tipo sin quitar la vista del vació.
- Ten más cuidado para la próxima vez, no creo que quieras ver tu cadáver en la portada del extra de mañana (periódico de nota roja muy conocido por estos lares).
- Simón.

Eso me pareció suficiente para comprender que el tipo ya estaba mejor, así que me di la vuelta y empecé a caminar rumbo a mi casa, crucé la calle y avancé media cuadra, cuando me sorprendió oír la voz del tipo, quién me pedía que lo esperara, mientras corría agitado tras de mí.

- Oye, ¿cómo puedo agradecerte?
- No es nada, sólo ten más cuidado la próxima vez.
- No, no, de perdida déjame invitarte un chesco (refresco).
- No, ahora tengo algo de prisa, será en otra ocasión
- Espera, tengo una idea.

Luego de decir eso, el sujeto sacó un pedazo de papel, una pluma de su bolsillo y comenzó a escribir algo.

- Ten. - me dijo entregándome el pedazo de papel. - Cuando necesites algo, me llamas al número que está allí.
- Claro. Le respondí mientras lo guardaba en mi bolsillo sin mirarlo.

El asunto se borró de mi mente hasta hace poco, cuando buscando mi libreta de notas, encontré la nota del tipo. Entonces lo leí y me llevé una desagradable sorpresa:



"The Guy"
Bloggero y malabarista ruso de medio tiempo
XXX-12-31-23



No he tenido ganas de llamar, ya que estoy seguro que probablemente del otro lado de la línea me conteste una señora diciéndome que nadie con ese nombre vive en esa casa, para luego decirme que "me deje de estar chingando", lanzarme una enorme cantidad adicional de improperios, y colgarme sin darme tiempo de explicarle la situación.

Ahora que lo pienso, creo que no fue del todo una mala experiencia. Estoy consciente que lo único que hice fue activar un reflejo instintivo de preservación (o algo así), de modo que esta “experiencia” no me sirvió de mucho, ya que no aprendí nada, ni le dio un nuevo sentido a mi vida. Pero fue divertido mentarle la madre a un camionero, no creo que me atrevería a hacer esa osadía en condiciones normales, ya que esos tipos con facilidad me duplican la masa muscular, y un camionero ofendido no duraría en bajarse de su "tralier" para romperle la madre a algún idiota (como yo) que se atreviera a ofenderlo.

Aunque, de lo único que me arrepiento es de no haber aceptado el refresco que el tipo me ofreció, ya que cuando quise ir a la tienda a comprarme mi acostumbrada dosis de un litro de coca cola, me di cuenta que se me había caído mi dinero (probablemente durante el forcejeo) y tuve que aguantarme la sed hasta llegar a mi casa.



Retrato del trailer que intentó matar a "The Guy", probablemente conducido por algún fanático de "Crepúsculo"